La lujuria.

Que coño le pasa a todo el mundo, nos movemos siendo políticamente correctos no damos paso a la ambigüedad. Siempre rigiendonos por puñeteras normas que nos dictan lo que está bien y lo que está mal.

Somos personas, si te arañan la piel ¡te duele y gritas! pero a veces somos robots, si te arañan el corazón callas y miras a otro lado.

Cuántas veces piensas ¡¡¡basta ya!!! Ahora llegó tu momento, ese que tanto tiempo estuvistes esperando, donde serás ¡tú! la que decidirá el curso que llevará tu vida. Puede que te equivoques pero una equivocación más ¿Es tan importante? ¿No crees que merece la pena arriesgar? ¿Porqué? te preguntaras ¡Y si ganas! Piensa… ¡¡¡Y si ganas!!! Habrá noches de un amor sin desenfreno. En este momento solo existe el aquí y ahora.

La lujuria, según te contaron, es uno de los siete pecados capitales, pero piensa, no prefieres pecar con él a tener un cielo ganado. Habrá noches donde vuestros cuerpos desnudos no se separen ni un milímetro, donde temblareis de placer, donde la pasión dará paso a la lujuria, donde te sentirás Tlazoltéotl (la Diosa del sexo, de las pasiones) de esas pasiones ocultas que ahora solo sueñas, pero llegó el momento de actuar, no esperes más, la vida pasa y él no te esperará eternamente.

Corre, sal a su encuentro, deja tu mochila de recuerdos guardada bajo la cama y corre sin mirar atrás. Aquella tarde cerró la puerta de su casa y mientras caminaba, marcó su número y cuando escucho su voz… Esa que tantas noches le susurro UN TE QUIERO  su cuerpo se estremeció y le dijo; contigo amor, al fin del mundo.

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Amor prohibido (Segunda parte)

Sentí un leve cosquilleo por la espalda que me despertó, me hice la remolona, pero se acercó y me abrazo con fuerza, me beso en la mejilla y me susurro al oído lo siento. Me di la vuelta y le dije, no vuelvas a darme un susto así, le besé en los labios y le dije con una sonrisa, el próximo día, duermes hasta con los zapatos.

Nos levantamos, se hacía tarde y para no perder tiempo nos duchamos juntos, siempre es mejor que por separado. Mientras Ismael preparaba el desayuno, yo levanté a las niñas, les puse la ropa sobre la cama de cada una, mientras se vestían yo fui a maquillarme.

Mire el teléfono, para ver si tenía algún mensaje y no pude resistirme ver el WhatsApp, esperaba que Cesar me hubiese dado los buenos días. Pero era raro porque ponía que no se conectaba desde las cinco de la tarde del día anterior. Y en mi teléfono no estaba la conversación que tuvimos. Solo tenía el mail con la entrevista.

Bueno no era momento de pensar, debía llevar a las niñas al colegio y después dirigirme a mi trabajo. Las subí al coche, cada una en su silla, siempre discutiendo entre ellas, pero eran mis amores. Se acerco Ismael nos dio un beso y se despidió hasta la hora de comer. Que me dijo que las recogería él.

Cuando las deje, me fui directa al trabajo, me puse a trabajar sobre un proyecto que tenía, que debía terminar en un mes y aún me faltaba piezas por pedir y cosas que ultimar. Estaba absorta en mi trabajo cuando mi secretaria, me dijo que un periodista, esperaba fuera, pensé que sería Cesar. Le dije que le acompañara a mi despacho, cuando al abrir la puerta vi a un señor de cerca de sesenta años, canoso y con cara de bonachón. Le señale para que se sentara y le pregunte que deseaba. A lo que me contesto ¿No me recuerda? Soy Julián, ayer le hice una entrevista. Y pasaba por aquí, solo quería concretar el dia que le hare la entrevista en su casa, es más le envié el audio para que lo escuchara. Le dije ¡disculpe! ayer me hizo la entrevista otra persona, se llamaba Cesar y hable con él por WhatsApp. Creo que hay un error, me dijo con una sonrisa, pregúntele a su secretaria, ayer también ella me acompaño. Llamé a Sara le dije que viniera a mi despacho y le pregunte si él era el periodista que había venido el día anterior a lo que me contesto con cara extrañada, claro ¿acaso no lo recuerdas? Pues no, pensé, no lo recuerdo, le dije y me miro con preocupación, no sin antes decirme si necesitaba algo más. Le dije que no y siguió con su trabajo.

Y mientras miraba la agenda para concretar una hora para la entrevista en mi casa, me llega un WhatsApp lo miro y de nuevo Cesar, ¿Qué está ocurriendo aquí? Solo dice, no soy quien parezco, búscame en cualquier persona y allí estaré, solo espero que me ayudes.

Le mire las manos a Julián por si estaba enredando con el teléfono, pero lo único que tenía era su agenda y cuando voy a contestar ya se había borrado el mensaje. Que me estaba pasando, esto era una locura, debía coger unas vacaciones. Quedé un día y hora con Julián para seguir la entrevista en mi casa, me despedí de él y antes de cerrar la puerta, me dijo, trabajó con nosotros hace unos diez años un periodista muy bueno, que murió en extrañas circunstancias, se llamaba Cesar López. Y se despidió deseándome un feliz día. Cuando se fue, busqué en Google su nombre y no encontraba nada, pero puse sucesos diez años atrás y allí estaba su fotografía, era él quien yo vi el día anterior. ¿Qué me estaba pasando? 

Un amor prohibido

Siempre pensé que tenía la vida perfecta, un marido perfecto, unas hijas perfectas, mi casa era tal y como siempre soñé, perfecta para mi familia.

¿Qué más podía pedir? ¿Nada verdad? Porque se me olvidaba deciros, que era decoradora de interiores y tenía un estudio en el centro de la ciudad. Y la verdad es que me había hecho de una buena cartera de clientes y nunca me faltaba el trabajo.

Bueno será mejor que comience desde el principio… Hace unos meses, un periodista de un periódico local quiso hacerme una entrevista y contacto conmigo a través de una amiga. Mi respuesta fue, que estaría encantada de que me entrevistase y concertamos un primer encuentro para hablarle un poco de mí y de mi negocio, así pues, quedamos en mi oficina sobre las doce del mediodía. Fue muy puntual, le pase a mi despacho, dónde saco su grabadora y comenzamos a hablar. Creo que trascurrieron un par de horas y ni tan siquiera nos dimos cuenta. Antes de irse, le di mi teléfono porque quedaríamos la próxima semana, esta vez en mi casa, para que así conociese mis dos mundos, mi familia y el trabajo.

Aquella tarde salí pronto del trabajo y fui a recoger a mis hijas al colegio, Antes de bajarme del coche vi que me llego un mensaje, era la entrevista, para que la escuchase, me envió un saludo y me volvió a dar las gracias, y le devolví el saludo.

Recogí a mis hijas y nos fuimos para casa, no sin antes pasar por el supermercado a comprar algunas cosas que me hacían falta.

Se pasaron la tarde jugando, saliendo y entrando en la piscina cerca de las ocho, vino la pequeña diciéndome que estaba cansada, raro en ella, `porque era la más revoltosa. Subimos a la planta de arriba les di un baño y a la cama. Como cada noche les conté un cuento, pero nunca tenían bastante, siempre acababan protestando porque querían más. Ya pasaban de las nueve cuando por fin se durmieron.

Aquella mañana, mi marido me dijo que había quedado para cenar con un cliente, que se retrasaría. Este sería mi momento relax, me prepare una ensalada, agua y un yogurt, me lo puse en la bandeja, me senté en el comedor, encendí el ordenador, tenía que buscar telas para un sillón isabelino que una clienta muy especial, había adquirido en una subasta. Estaba inmersa viendo telas cuando de pronto, el WhatsApp, pensé que sería Ismael mi marido, pero de nuevo era él, el periodista que le puse él, porque no recordaba su nombre. Bueno no leí el mensaje, pero seguía insistiendo y no tuve más remedio que contestar. Y la verdad que su conversación era tan interesante que cuando vi la hora, eran más de las doce. De nuevo más de dos horas y parecían dos minutos. Lo que me extrañó es que Ismael no hubiera dicho nada, con lo tarde que era. Decidí llamarle, pero no contestaba, la verdad que comencé a ponerme un poco nerviosa. Se lo comenté a Cesar que así es como se llamaba, y le dije que hablaríamos en otro momento y me despedí.

No sabía qué hacer, seguía llamando y ahora estaba apagado o fuera de cobertura. Comencé a hiperventilar ( me pasa a veces si estoy muy nerviosa) cuando escuché que se abría la puerta, salí corriendo al vestíbulo, estaba tan tranquilo y a mí a punto de darme algo, le pregunte  qué sino se había dado cuenta de la hora, y él  seguía  tranquilo, y yo a punto de llamar a los hospitales, me dijo que venía muy cansado que había sido un día muy duro, que se daría una ducha y que me esperaba en la cama . Yo le dije un poco enfadada, ahora iré que me voy a hacer una tila doble.

De nuevo el WhatsApp era Cesar, que se quedó preocupado, que sí había llegado y si me encontraba bien. Le dije pues no, no me encuentro bien, pero él tan tranquilo me tomaré una tila doble y a dormir, se despidió de mí, no sin antes decirme que descansara.

Me tomé la tila apague el ordenador y subí a mi dormitorio, cuando llegue Ismael, se había quedado dormido vestido encima de la cama. Quitarle la ropa me costó la vida, porque mide casi 1,90 y es corpulento, le desabroché los pantalones, la camisa, se lo quité lo arrope. Pensé… vaya, parece que en vez de tres hijas tengo ahora también uno más. Me fui al baño me di una ducha relajante, y aquella tarde que había sacado la lencería más sensual que tenía, pensando que no llegaría muy tarde…  Pues nada, volví a guardarla de nuevo, seria para otra ocasión. Ya era el tercer día que la guardaba, aquello se estaba convirtiendo en una costumbre. Me metí en la cama sin apenas hacer ruido, y lo curioso es que mi último pensamiento antes de dormir fue la imagen de “él” Cesar, y creo que el sueño me venció sonriendo. 

Solo es un hasta pronto.

Saber que la vida se escapa entre las manos, es tan triste. Nunca entenderé porque para morir, hay que sufrir.

Saber que ya quedan pocas conversaciones pendientes. Y lo peor de todo, es saber que te vas sin querer irte de este mundo.

Saber que no escucharé esa voz al otro lado del teléfono. Ni tu risa, ni tan siquiera tus enfados.

Saber que piensas que te quedaron tantas cosas por hacer. Que nunca debiste renunciar a tus sueños, por cumplir los sueños de otros.

Saber que ya apenas queda tiempo y que a veces no sabes de lo que hablar. Aún quedan tantas cosas que decir, que realmente no sabes por dónde empezar.

Saber que el tiempo cuenta para atrás y que los minutos no vuelven, ni tan siquiera los segundos, que no van al paso, van al galope. Que ahora es el momento de decir y de sentir.

Saber que quizás mañana sea tarde, y que ya no vale demorar la espera. Que un te quiero es tan profundo y tan intenso que debería decirse a cada momento, por si te pilla desprevenido y no te da tiempo a decirlo.

Saber que uno no es Dios, ni tampoco un sueño, que las historias como los cuentos, están para creerlas y soñarlas.

Pero esta noche, cuando me rodea el silencio, la soledad, un pellizco de tristeza y mucha serenidad. Solo sé, que cuando te vayas, vivirás en mi recuerdo hasta que me llegue el momento de abandonar mi cuerpo, que no este mundo.

Que abandonare y cruzare el viejo puente de madera, cuando yo necesite más de los demás, que los demás de mí.

¿Sabes? En esta noche, dejo atrás toda la tristeza y haré que vivas, rías, sueñes, y sobre todo, cuando digas hasta pronto, sea con la mayor de tus sonrisas. Ya es hora de que nos digamos mas te quiero, que el tiempo pasa y se nos escapa entre las manos.

Marisol Gallardo

Relámpago y yo.

Me llamas, pero no por mi nombre, no entiendo esa palabra como muchas otras que me dices y nadie sabe explicarme el significado, pero no debe ser bueno, porque intento acercarme a ti, y te ríes y te vas corriendo alejándote de mi.

¿Y que es eso ? ¿un juego? Porque en casa a ese juego no jugamos. intento acercarme de nuevo y tus ojos reflejan algo feo, y te vuelves a reír , entonces me empujas y me haces caer y  todos ríen a mi alrededor, solo veo  bocas grandes que se acercan a mi como si me fueran a tragar.

No puedo llamar, no conozco el sonido de las palabras, entonces me enfado, y me enfado tanto, que te doy una patada de la rabia y caes al suelo, pero los demás no  ríen al verte caer, solo yo y los miro y me pregunto ¿porqué ahora no ríen?   pero sigo sin poder hablar, y es tal mi  dolor que me doy cabezazos contra la pared, hasta que comienza a doler y  grito y sigo gritando. Y  llega ella,  mi señorita, y la aparto de mi, porque no se si me llamara por mi nombre.

Y corro hacia mi refugio, mi rincón de los miedos, donde ya no escucho, y no dejo de moverme para que el aire sea mi escudo protector. Entonces llegas tu, y con toda la paciencia del mundo, me das amor y pones las palabras en mi boca, las que yo no puedo pronunciar y sobre todo me llamas por mi nombre, ese que tanto te gusta y que yo cuando lo escucho, se que estoy a salvo.

Tan solo quiero jugar, ser uno más y sentirme feliz,  como cuando estoy con mi caballo “relámpago”, el tampoco habla, pero con sus ojos  como yo, lo decimos todo, se nos nota cuando estamos contentos o triste. Y mientras galopo sobre su lomo blanco me siento el rey del mundo.

 

No etiquetes, no pongas marcas,  educa desde el respeto, para que en un futuro te respeten a ti y a los tuyos. 

Por cada libro vendido de Siente, sueña y ama, se donara un euro a Aftea ( Asociación de Familias Personas con TEA)