Amor prohibido (Segunda parte)

Sentí un leve cosquilleo por la espalda que me despertó, me hice la remolona, pero se acercó y me abrazo con fuerza, me beso en la mejilla y me susurro al oído lo siento. Me di la vuelta y le dije, no vuelvas a darme un susto así, le besé en los labios y le dije con una sonrisa, el próximo día, duermes hasta con los zapatos.

Nos levantamos, se hacía tarde y para no perder tiempo nos duchamos juntos, siempre es mejor que por separado. Mientras Ismael preparaba el desayuno, yo levanté a las niñas, les puse la ropa sobre la cama de cada una, mientras se vestían yo fui a maquillarme.

Mire el teléfono, para ver si tenía algún mensaje y no pude resistirme ver el WhatsApp, esperaba que Cesar me hubiese dado los buenos días. Pero era raro porque ponía que no se conectaba desde las cinco de la tarde del día anterior. Y en mi teléfono no estaba la conversación que tuvimos. Solo tenía el mail con la entrevista.

Bueno no era momento de pensar, debía llevar a las niñas al colegio y después dirigirme a mi trabajo. Las subí al coche, cada una en su silla, siempre discutiendo entre ellas, pero eran mis amores. Se acerco Ismael nos dio un beso y se despidió hasta la hora de comer. Que me dijo que las recogería él.

Cuando las deje, me fui directa al trabajo, me puse a trabajar sobre un proyecto que tenía, que debía terminar en un mes y aún me faltaba piezas por pedir y cosas que ultimar. Estaba absorta en mi trabajo cuando mi secretaria, me dijo que un periodista, esperaba fuera, pensé que sería Cesar. Le dije que le acompañara a mi despacho, cuando al abrir la puerta vi a un señor de cerca de sesenta años, canoso y con cara de bonachón. Le señale para que se sentara y le pregunte que deseaba. A lo que me contesto ¿No me recuerda? Soy Julián, ayer le hice una entrevista. Y pasaba por aquí, solo quería concretar el dia que le hare la entrevista en su casa, es más le envié el audio para que lo escuchara. Le dije ¡disculpe! ayer me hizo la entrevista otra persona, se llamaba Cesar y hable con él por WhatsApp. Creo que hay un error, me dijo con una sonrisa, pregúntele a su secretaria, ayer también ella me acompaño. Llamé a Sara le dije que viniera a mi despacho y le pregunte si él era el periodista que había venido el día anterior a lo que me contesto con cara extrañada, claro ¿acaso no lo recuerdas? Pues no, pensé, no lo recuerdo, le dije y me miro con preocupación, no sin antes decirme si necesitaba algo más. Le dije que no y siguió con su trabajo.

Y mientras miraba la agenda para concretar una hora para la entrevista en mi casa, me llega un WhatsApp lo miro y de nuevo Cesar, ¿Qué está ocurriendo aquí? Solo dice, no soy quien parezco, búscame en cualquier persona y allí estaré, solo espero que me ayudes.

Le mire las manos a Julián por si estaba enredando con el teléfono, pero lo único que tenía era su agenda y cuando voy a contestar ya se había borrado el mensaje. Que me estaba pasando, esto era una locura, debía coger unas vacaciones. Quedé un día y hora con Julián para seguir la entrevista en mi casa, me despedí de él y antes de cerrar la puerta, me dijo, trabajó con nosotros hace unos diez años un periodista muy bueno, que murió en extrañas circunstancias, se llamaba Cesar López. Y se despidió deseándome un feliz día. Cuando se fue, busqué en Google su nombre y no encontraba nada, pero puse sucesos diez años atrás y allí estaba su fotografía, era él quien yo vi el día anterior. ¿Qué me estaba pasando? 

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